El dolor privado.-

Os voy a contar algo…

 

Cuando Carla empezó a ir llorando al cole, le pedí que fuéramos juntas y, si al llegar, no era capaz de entrar, nos volveríamos. 

Sí entraba, le decía que si volvía a sentirse mal, pidiera que me llamaran. Cuando fue mayor, llevaba el móvil escondido. Y más mayor, el portátil.

Me obligaban a que fuera hasta los 16 años. 

Nos obligan.

Pero no concibo que nos obliguen a llevarlos a que se rompan. Tampoco concibo que no entiendan que hay personas que se rompen. Y detesto…

Siempre he detestado.

A esos adultos que minimizan los sentimientos. De cualquiera.

Si ella sentía dolor. Era dolor. Su dolor. Y era real. No estaba exagerando ni tenía que aprender a ser más fuerte ni hostias!

 

Os voy a contar algo…

 

Os equivocáis. Cada uno de los adultos que salís en prensa, que escribís libros, que hacéis ponencias y figurais como expertos en control emocional, os equivocáis porque las emociones no hay que controlarlas a lo que decida la norma o la generalidad, hay que conocerlas para saber si me gusta llorar, si me gusta reír, si me gusta que tiemble mi mano derecha si me cabreo o que se me calienten las orejas si siento vergüenza. Y si me gusta. No tengo que cambiarlo. Y si no me gusta pero lo necesito. No tengo que cambiarlo. Y si no me gusta ni lo necesito pero no puedo cambiarlo, no tengo que escuchar a nadie que me diga que lo cambie, prefiero un ‘te acompaño’.

 

Y os voy a contar algo…

 

Eso hice yo con Carla. Ni más. Ni menos. Eran sus emociones. Sus respetables llantos tan visuales como sus apreciadas sonrisas. No la juzgué. No la aconsejé. Sólo la acompañé. Ello me llevó a tener que elegir cambiar asiduamente de trabajo, dejar sucio el piso y pasar horas frente al colegio por si, pero…

 

Es que os voy a contar algo…

 

La salud es la que nos mantiene en este mundo. Hay muchos problemas que van a venir y no vas a poder hacer nada más que pasar esa varicela, ese resfriado, … pero lo mismo que no vas a clase con ronchas, lo mismo que te abrigas en invierno, es vital que desde edades tempranas el niño, la niña sepa que cuando el corazón duele, puede contar con alguien al lado, alguien que no lo etiqueta de ¡exagerado!

 

No voy a poder cambiar el bullying en las aulas. Me duele no poder cambiarlo. Sigo llorando a algunos míos que se fueron, sigo levantándome sobresaltada pensando en algunos míos con los que llevo tiempo que no hablo. Sigo sonriendo si los veo de casualidad, en la calle!, con pareja!. Sigo parando el tiempo si me llaman. ¡A tomar por culo mando el plato que se estaba guisando!. Es más importante una vida. Sí, una vida que necesita saber que cuando el corazón duele, puede contar con alguien al lado. Alguien que no juzga qué siente, sólo acompaña, le tiende la mano.

 

Es algo que aprendí. 

Y quería contarlo. 

Sí respetas el dolor del otro. El otro, estará a salvo. Y esto. Esto sí que provocará un cambio. 

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2 Comentarios

  1. Juan Antonio Mesa Navas
    Dic 23, 2025

    Mi consejos=ni consejos

  2. Juan Antonio Mesa Navas
    Dic 23, 2025

    En ciertos casos, cómo el de Carla, el acompañamiento creo que es vital.
    En algunas circunstancias de la vida, por experiencia, el simple acompañamiento, también es vital. Nada de opiniones, mi consejos. Simplemente acompañamiento.
    Entiendo que una madre, no es tu caso Ana, quiera ayudarte . Lo que no entiende que es errónea esa forma, que para ella es buena.
    Esto crearía un debate largo, y diferente solución para cada caso.
    Saludos

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