LA EDAD.-

LA EDAD.-

Otro puto número. 

Por qué el ser humano DIVIDE por números.

Porque por algo hay que dividir… ¿?

 

He conocido niños y niñas (ahí está Carla, Sarah, Sofía, Mariajo, mi pelirroja, Manar,…) con una capacidad inmensa de entender, comprender el mundo con ojos de anciano, con una visión tan amplia y precisa de la realidad que no aprecias el tiempo que llevan en el mundo a la par que te alegras por saber que aún tienen mucho tiempo para cambiar las cosas en el.

 

Por contra, me he topado con verdaderos topos, ciegos a pesar de sus años, que justifican su «sapiencia» con «tengo muchos días de vida». 

De corazón latiendo sí, de aprendizajes adquiridos no y de visión coherente tampoco, dan ganas de decirles; pero para qué, si van a justificar sus carencias con los números.

 

La edad. Ese escollo que te atormenta cuando en un diálogo con tus padres, vecinos de estos o amigos, escuchas una sandez mayúscula e intervienes para escuchar: «calla niña que tú no sabes nada del mundo!»

 

Es tan anquilosante para todo ese puto número!

Si dices 14 aún eres niño, con 18 ya debes ser adulto, con 40 dejar de bailar en la calle y con 57 tener el éxito que otros esperan hubieras alcanzado.

57. 57 años tenía mi padre cuando su corazón dejó de latir, 29 años compartidos. Números, números. No sé contarlos, si no me detengo a separar. Y es que nunca me dejó a un lado o me dijo «calla niña» pues él no veía números ni se detenía. Se sentaba al lado y hablábamos, discutíamos, nos apoyábamos o contrariábamos sin jerarquía… con la escucha a los aprendizajes de cada uno. Admiración recíproca. El mundo no lo entendía pero qué más daba el mundo en nuestra burbuja de realidad coherente, certera, libre, sincera, abierta y cambiante.                         

Y ahora en otra burbuja… con mi hija

Me enseñó cada día, le enseñé cada día, aprovechamos las horas, los minutos, los segundos,… los números, pues sin contarlos, los exprimimos e hicimos nuestro propio zumo, con sus ingredientes y los míos.

 

La edad, ese puto número no es más que un invento humano para hacer rodar el tiempo por ciclos y no por vivencias, caídas y puestas en pie.

Me aburro.

Me aburro sobremanera cuando una fruta madura es incomible porque lo único que hizo fue madurar pero por dentro es insulsa y dan ganas de potar.

Yo, ni la cogería, la dejaría en el árbol para que la picotearan los pájaros pero entonces volaría su semilla y…

Me canso.

Me agota dedicar tiempo a quién gasta el suyo creciendo vacío de realidad.

Lo siento.

No soy perfecta pero ya paseo por los 40 y elijo y me apetece la manzana dulce, el limón ese pequeño pero lleno de vitalidad, pues va a soltar más jugo que ese gordote y amarillo que caerá al suelo sin haberse podido aprovechar.

La edad. 

Ese puto número que otros usan para dividir, es sólo la excusa perfecta para seguir siendo el idiota que nunca aprendió a sumar,… ni a leer, ni a…

Ocupa un lugar en el árbol, se apodera de la savia recogida, florece, engorda, aparentemente es bello pero si lo coges, es sólo un limón gordote y seco que impidió al pequeñajo, amarillo huevo y de zumo lleno, crecer un poquito más.

 

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