LA PERCEPCIÓN PROPIA Y LA AJENA

LA PERCEPCIÓN PROPIA Y LA AJENA

Por tus palabras y tus hechos serás juzgado, le dijeron. Y Sócrates respondió: sólo yo puedo juzgarme a mí mismo pues sólo yo me conozco y sé la motivación de mis actos, pero lo acepto, procedan a equivocarse.

Y se equivocaron.

Y él lo aceptó, aunque podía haber huido.

 

Cuando estudiaba Filosofía en Granada, qué buen tiempo aquél, había algo que me desconcertaba. Cada vez que estudiabas a un filósofo escuchabas la interpretación de sus textos y tú misma interpretabas y cada noche me acostaba pensando si sería acertado aquello que pensaba que quería decir aquel genio que sólo me dejó palabras.

No puedes saberlo, descubrí.

Con pesar, acepté que nunca puedes conocer a nadie igual que te conoces a tí mismo.

¡Hay tantas variables!.

Si tienes un mal o buen día, si se te ha cruzado un recuerdo, si te palpita el corazón sin remedio ni razón, si esa palabra dicha hizo daño y esa oída, dolió, …

Me esforcé entonces en conocer a las personas, a cualquier genio vivo, desde lo único que podía hacerlo: la comunicación.

Disfruto, por ello, escuchando, también pregunto e indago, recojo datos en mi cuaderno de campo y sentencio, como todos, mi interpretación.

A veces yerro y otras, acierto. Era como pensaba o no se parece en nada. Si acierto, me aplaudo. Y si yerro, aprendo y me digo: a la siguiente, lo haré mejor.

Y es que es difícil conocer al otro, a todo él. Lo que sí tengo claro que no funciona, es esperar que tu percepción sea más certera que la que el mismo otro, tiene de él.

 

Así que, como madre, da igual que edad tengan mis hijos, yo sólo observo y me deslumbro con el conocimiento que de sí mismos, me comparten. Es sincero. No hablan igual en casa que en el colegio o que en aquel campamento. Claro. La licencia de la libertad que tienen en casa para ser como son y no como otros esperan que sean, les permite sentirse seguros y les condiciona a ser sinceros, sin esconder defectos, sin omitir virtudes.

Y ese aprendizaje, lo traslado a los docentes.

Da igual que edad tengan mis hijos u otros niños, sólo observa y deslúmbrate con el conocimiento que de sí mismos te comparten. Será sincero si le das la licencia de ser libres, si les permites ser como son y no les exiges como tú quieres que sean, no vas a dibujar un cuadro de colores usando sólo el azul. Si trabajas con personas, claro, interpreta, pero no lo hagas sin aprender primero a escuchar o, a leer.

Sólo tú puedes juzgarte a ti mismo pues sólo tú te conoces y sabes la motivación de tus actos.
Acepta al otro libre para que se te presente honesto, se sienta seguro y dibuje contigo la diversidad.

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